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La mochila más bonita del mundo


La mochila más bonita del mundo

Recuerdo el primer día que noté a Enzo… Una lagartija corriendo por la tripa. Y también pequeños golpecitos. Una sensación muy rara al ser desconocida pero como cada descubrimiento en el embarazo, muy bonito. Desde ese día hasta el último ya no dejas de sentirlo a cada momento y eso es… INEXPLICABLE.

También al poder sentirlo, ya eres más consciente de la personita que vive dentro de ti y aparte de tocarme la tripa muy a menudo (era mi forma de acariciarle a él y decirle: “Ey… ¡mami está contigo pequeñin!”) le solía hablar mucho. Le contaba cómo me había ido el día, lo que le habían regalado. Incluso mis miedos, sentimientos, emociones

 

Y así fueron pasando los días, las semanas… Inmersa en prepararle todo para cuando quisiese llegar. Lavar todo bien antes de su llegada, revisar 40 veces al día la bolsa que llevarás al hospital. Comprar de más por si nace grande, pequeño, hace frío, calor… Básicamente intentar tener controlado cada detalle. Como a mí siempre me gusta y sigo sin aprender que eso es imposible y más ahora, pero yo sigo erre que erre.

Como os comenté antes, mis únicas molestias fueron los ardores de estómago. Empezaron a los 8 meses aproximadamente hasta el día de dar a luz. Y qué alivio fue desprenderme de él. Llegó a angustiarme y preocuparme porque no podía apenas respirar tumbada y me creaba bastante ansiedad la situación. En mi caso me daba igual cenar pronto y poco, a eso de las 00:00 el odioso ardor empezaba a aparecer… y así hasta el amanecer. ¿Mi remedio? Pasar las noches en el sofá sentada, distraída leyendo o viendo la tele y comer REGALIZ. De palo o de Zara. Era lo que más conseguía calmarme el malestar.

Y ésta es la historia de mi embarazo. Mi primer embarazo.

La alegría de una madre comienza cuando una nueva vida se agita en su interior y una patadita juguetona le recuerda que ya nunca estará sola